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Temas de Planificación nº 110
CAPS Parejas: un nuevo programa para prevenir conflictos
CAPS Asociación Civil lanza su nuevo programa: CAPS-Parejas, dedicado al asesoramiento preventivo y ejecutivo respecto de las decisiones patrimoniales y financieras de quienes están casados, planean casarse, conviven actualmente, planean convivir y/o tienen bienes en común.
En nuestra visión, el conocimiento de la ley y de las experiencias prácticas de quienes han recorrido el camino resulta indispensable para prevenir conflictos y prever un futuro mejor.

Cuando el campo de acción es la pareja, lo que se acuerda hoy puede tener consecuencias (buenas o malas) en un futuro lejano. De ahí la importancia de contar con el asesoramiento adecuado en cada momento.

En la portada del sitio se hacen algunas preguntas fundamentales, cuyo alcance resulta clave a la hora de planificar:
¿Cuál es el grado de independencia económica de cada uno, respecto de las familias de origen?
¿Alguno de los miembros de la pareja forma parte de una empresa de familia?
¿Qué lugar ocupa el otro en relación a esa empresa?
¿Tienen hijos en común?
¿Piensan tener hijos?
¿Tienen que afrontar cargas económicas para sostener a sus padres?
¿Tienen cargas por hijos (por ejemplo, cuotas alimentarias) de un matrimonio anterior?
¿Cómo es la participación de cada uno en los negocios del otro?
¿Trabajan juntos o planean hacerlo en el futuro?
¿Quién es el titular de la vivienda?
¿Cuál es el aporte de cada uno, anterior al matrimonio?
¿Cuáles son las deudas propias que registra cada uno?
¿Hay deudas de la pareja?
¿Han prestado u otorgado fianzas, avales o garantías?
Ya sea que dos personas se casen legalmente, que convivan sin casarse o que, aun sin convivir, adquieran determinados bienes en común, lo cierto es que entre el amor y el patrimonio hay vínculos visibles e invisibles, muy particulares, de los cuales es necesario hablar y lograr acuerdos.
LA PARÁBOLA DE LA BODA

El juez requirió a los contrayentes. Los colocó delante de sí e inició la ceremonia. Leyó unas páginas de rutina; luego, ciertas disposiciones legales, recogió sus manifestaciones de asentimiento y luego, con grave y serena voz, extraída como de las reservas de su debilidad, los declaró, en nombre de la ley, unidos en matrimonio legítimo.

Hecho esto, añadió:
-¡Qué extraña sensación! Pronuncio hoy estas palabras con la misma emoción con que las pronunciara hace cuarenta años, un día en que por primera vez, vacilante y tembloroso, autoricé el primer matrimonio. Y, sin embargo, ¡cuánto ha cambiado!

Antes creía que el matrimonio que yo autorizaba en nombre de la ley era la consagración de un deseo común, definitivo. Hoy he aprendido que renace cada día: un sucesivo desposorio, renovado cada mañana, que se vivifica y es renovación cotidiana.

Creía entonces que las obligaciones entre marido y mujer estaban instituidas en la ley. Pero luego he aprendido que esas obligaciones se forjan en la conciencia moral de cada uno de los esposos, donde la ley no puede penetrar. Si allí no se forjan, no nacerán aunque la ley lo mande; y si se forjan por sí solos, de nada vale que la ley lo mande.

Creí al comienzo que el marido debe protección a su mujer y la mujer obediencia a su marido. Hoy también lo creo. Pero, ¡cuántas tribulaciones, cuántas penas y dolores, sólo se pueden sobrellevar si el marido presta obediencia a la mujer, y la mujer, protección a su marido!

Y concluyo:
-No creáis, jóvenes desposados, que todas estas reflexiones tienen consigo una carga demasiado grave de pena. Son las cosas que he visto vivir; acaso, las cosas que he visto sobrevivir a través del vivir.

Fue entonces cuando el novio se atrevió a interpelar:
-¿Pero no es eso escepticismo del Derecho? ¿No es eso una renuncia a la ley en nombre de la cual usted acaba de autorizar nuestra boda?
-No -concluyó el juez-. Es ésta la grandeza de la ley. Sin ella, esas penas serían mucho más graves, y las tribulaciones, más profundas. Pero la ley no crea la felicidad; ni puede impedir que huya el amor. La grandeza de la ley, y su victoria, consisten en que, frente a la fuga del amor, ella trata de retener en nuestras manos, una parte de aquellos bienes que el amor traía consigo...



Extraído de COUTURE, Eduardo:
El arte del Derecho y otras meditaciones
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Pueden encontrar este texto en Matrimonio y Patrimonio, del Dr. Leonardo J. Glikin, págs. 215-216, Emecé, 1999.
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