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Temas de Planificación nº 105
Autor: Dr. Leonardo J. Glikin
Dr. Leonardo J. Glikin Abogado, consultor en Planificación Patrimonial y Sucesoria, presidente de CAPS Asociación Civil, autor de "Pensar la Herencia"; "Matrimonio y Patrimonio"; "Exiting, el arte de dejar la empresa sin dejar la vida" y "Los hermanos en la empresa de familia". Director del newsletter "Temas de Planificación”. Director de CAPS Consultores. www.leonardoglikin.com.ar
¿Se vienen las Convenciones Prematrimoniales?
Al inaugurar las sesiones ordinarias del Congreso, la Presidencia anunció que se habrán de incorporar las convenciones prematrimoniales, como parte de la próxima reforma del Código Civil.

¿Qué son, exactamente, las convenciones prematrimoniales?
Son acuerdos que celebran dos personas que van a casarse, para regular determinados aspectos de su matrimonio, entre las que podemos enumerar:
El régimen legal que regirá las relaciones patrimoniales entre los cónyuges y después del matrimonio.
Pautas para la manutención del cónyuge, durante y después del matrimonio.
Sanciones para el caso de que la finalización del matrimonio tenga por causa el adulterio de uno de ambos.

El régimen actual que rige en la Argentina se denomina, técnicamente, de “comunidad de bienes gananciales de administración separada”.
Esto significa que cada uno de los cónyuges es propietario exclusivo de los bienes adquiridos antes del matrimonio, o los que ingresen a su patrimonio después del matrimonio por haberlos heredado, por haber recibido un legado o por donación. En cuanto a los bienes “gananciales”, cada uno de los cónyuges tiene la libre administración de éstos, pero, en caso de querer vender un bien ganancial, debe contar con el asentimiento del cónyuge.
A su vez, los frutos de los bienes propios son gananciales, lo que genera una situación verdaderamente problemática para el caso de que uno solo de los cónyuges tenga un patrimonio que da una renta importante, dado que se genera una ostensible diferencia en el aporte que cada uno realiza a la “sociedad conyugal”.

Las convenciones prematrimoniales están llamadas a ser de gran utilidad en los casos de segundas o ulteriores nupcias, en especial cuando los contrayentes tienen una gran diferencia en su capacidad de generar ingresos, o cuando desean proteger el patrimonio en beneficio de sus hijos de un matrimonio anterior.

Las convenciones prematrimoniales son de habitual implementación en Italia, España, Francia, Estados Unidos, y, muy cerca nuestro, en Paraguay.

Algunas de las objeciones a las convenciones prenupciales son las siguientes:

Que no son románticas.
Por supuesto, mucho más romántico es “contigo, pan y cebolla”. No sería pensable que, bajo la luz de un candelabro, y con una comida afrodisíaca, los novios discutieran las condiciones de sus convenios prenupciales.
Sin embargo, tampoco son muy románticos los divorcios en los que alguno de los dos cónyuges sale gravemente dañado, o los casos en que alguien decide no casarse para proteger su patrimonio, porque el sistema legal vigente le resulta amenazante.

El momento podría no ser el adecuado.
Es probable que el hecho de tener que realizar un convenio antes de casarse, implique poner sobre la mesa cuestiones para las que los contrayentes todavía no están preparados, porque no tuvieron que enfrentarse a ellas jamás en la vida. Aspectos tales como el manejo del dinero, los derechos de propiedad, la responsabilidad por deudas, la planificación sucesoria... En el mismo momento en que todos están pensando en quiénes serán los invitados a la fiesta y cuál va a ser el menú, la necesidad de firmar una convención prematrimonial lleva a tener que concentrarse en aspectos aparentemente lejanos de la vida cotidiana que, sin embargo, tarde o temprano, van a formar una parte importante de ella.

El sistema actual, de la sociedad conyugal, puede resultar suficiente.
Entonces, ¿para qué firmar algo distinto?
Este es un buen punto. Si, después de analizar cuáles serían las consecuencias de no hacer ninguna convención prematrimonial, ambas partes consideran que la situación es deseable, entonces no es necesario que firmen nada. Pero, lo importante, es que se planteen la cuestión, para que, sea cual fuere la conclusión final, sea consciente y sea un acuerdo compartido, para que el día de mañana no haya reproches.

Si bien, habitualmente, cuando se piensa en convenciones prematrimoniales, automáticamente se asocian con el fracaso del matrimonio, siempre es necesario tener presente que la otra causa de finalización del matrimonio es el fallecimiento.

Por lo tanto, la intención de que las partes tengan mayor libertad para manejar su patrimonio no se podría terminar de cumplir si, al mismo tiempo que se legisla sobre convenciones prematrimoniales, no se modifican los porcentuales de legítima hereditaria, a fin de permitir mayor libertad a las personas para disponer de su patrimonio a través de un testamento o una donación.

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