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Temas de Planificación nº 78
Autor: Dr. Leonardo J. Glikin
Dr. Leonardo J. Glikin Abogado, consultor en Planificación Patrimonial y Sucesoria, presidente de CAPS Asociación Civil, autor de "Pensar la Herencia"; "Matrimonio y Patrimonio"; "Exiting, el arte de dejar la empresa sin dejar la vida" y "Los hermanos en la empresa de familia". Director del newsletter "Temas de Planificación”. Director de CAPS Consultores. www.leonardoglikin.com.ar
¿Y si “Padre Rico, Padre Pobre”, causa daño?
Con gran repercusión de público y prensa estuvo en Buenos Aires el autor de “Padre Rico, Padre Pobre”. Robert Kiyosaki dio conferencias, que fueron seguidas con interés por el público argentino, ávido por encontrar una dirección para sus decisiones financieras.
A mí, el fenómeno Kiyosaki me da miedo. Este artículo es para expresar ese miedo, y no para realizar una crítica científica a las posturas de Kiyosaki.
¿Por qué me da miedo Kiyosaki?
1.- Por el título de su libro:
Estoy convencido de que padre hay uno solo. Pretender que haya un “padre rico” y un “padre pobre” (y, para colmo, que vivan simultáneamente) es degradar la figura y la significación del padre para un hijo.
Es posible relacionarse en la vida con personas que sean “como un padre”, y hasta puede ocurrir que alguien (hombre o mujer, tío o abuela) ejerza la función paterna. Pero, insisto, padre hay uno solo, y ese padre no puede ser degradado, ni compartido, ni reemplazado por su hijo, por la sola razón de que no sea económicamente exitoso.
El padre, o la madre, no pueden ser objeto de zapping.
Entonces, si el libro se hubiera llamado “El hombre rico que fue como un padre”, seguramente habría sido menos taquillero, pero, al mismo tiempo, habría evitado ese escozor que el éxito de Kiyosaki me provoca.

2.- No estudiarás, parece decir Kiyosaki.
Cuando muchas personas interpretan lo mismo de un libro de divulgación, no alcanza con que no sea ése, exactamente, el planteo del autor, ya que esa interpretación distorsionada pasa a ser un dato de la realidad, imputable al libro, que, quizás, no tuvo la claridad necesaria para evitar dichos efectos.
Me encontré con varios jóvenes que, después de leer “Padre Rico, Padre Pobre”, llegaron a la conclusión de que ellos querían ser como “padre rico”, y que, por lo tanto, no iban a “perder tiempo” estudiando una carrera universitaria.
No cabe dudas de que el estado actual de la educación, y la manifiesta distancia que existe entre la academia y la vida real, desalientan a muchos jóvenes, pero el libro de Kiyosaki pasa a ser la excusa exacta para una decisión de la cual, la mayor parte de los jóvenes, se va a arrepentir cuando sea tarde.
Kiyosaki no puede garantizar que con su método todo el mundo sea exitoso. Quien no lo sea, quien no haya podido instalar un almacén próspero en lugar de ir a la Universidad, ya no va a estar en condiciones de recuperar el tiempo perdido después de su fracaso.
Como padre (es decir, como único padre de mis hijos), la ideología de Kiyosaki me resulta francamente peligrosa.

3.- No comprarás tu casa, dice Kiyosaki
La casa propia, al decir de Kiyosaki, es un gasto y no una inversión. Aun siendo así, lo cierto es que la vivienda tiene un valor muy particular en las sociedades de origen latino. A tal punto es así, que en Francia no se habla de Planificación Financiera, sino de Gestión Patrimonial, porque la relación de las personas con los inmuebles (y, en particular, con su propia casa) adquiere una significación particular a la hora de decidir inversiones.
La crisis de las hipotecas se produjo en un país, Estados Unidos, donde la vivienda es un activo financiero más. No es “la vivienda”, sino una inversión que vale una determinada cantidad de dólares. Por eso, cuando la gente concluyó que su deuda superaba el valor de la vivienda, tendió a abandonarlas, porque ya “no era negocio” seguir allí.
Este tipo de conductas es impensable en un país de cultura latina, y, en particular, en la Argentina, donde, de hecho, vivimos una crisis con las hipotecas en el año 2002, pero se establecieron sucesivos mecanismos para que las personas afectadas pudieran conservar la vivienda.
Es que el valor no está dado, exclusivamente, por el precio, sino por la significación espiritual que tiene el acceder, y sostener, la vivienda propia.
La propuesta de Kiyosaki puede ser aplicable en un país donde la oferta de viviendas en alquiler se mantiene estable a lo largo del tiempo, y donde los costos no resultan impagables para un inquilino.
En un país como la Argentina, se trata de un pésimo consejo, por diferentes razones: la vivienda propia es un elemento significativo en la unidad familiar, y la inversión patrimonial más significativa de una familia; tiene un sistema propio de protección, a través del régimen de “bien de familia”, y permite evitar la vida transhumante, frente al riesgo de que no se renueven los contratos de alquiler.

CONCLUSIONES
Lo que puede ser bueno en una sociedad y una cultura determinadas, no lo es en otras.
En el caso de Kiyosaki, algunos de sus enfoques (en particular, la duplicación de padres, la crítica al que está interesado en el saber, etc.) son en sí mismos perniciosos, para cualquier sociedad que pretenda inspirarse en los valores familiares, y respetarlos.
Pero lo más importante es que resulta imposible que las decisiones financieras se basen en recetas contenidas en un best seller. CAPS
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