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Temas de Planificación nº 71
Autor: Dr. Leonardo J. Glikin
Dr. Leonardo J. Glikin Abogado, consultor en Planificación Patrimonial y Sucesoria, presidente de CAPS Asociación Civil, autor de "Pensar la Herencia"; "Matrimonio y Patrimonio"; "Exiting, el arte de dejar la empresa sin dejar la vida" y "Los hermanos en la empresa de familia". Director del newsletter "Temas de Planificación”. Director de CAPS Consultores. www.leonardoglikin.com.ar
Proteger el patrimonio en momentos de confusión
MOMENTOS DE CONFUSIÓN
Puede ocurrir en una empresa de socios, o en una relación de pareja: hay un momento de crisis, en el que no sabemos si vamos a romper o vamos a continuar juntos.
Lo que es seguro, es que, por el momento, las cosas no son como eran.
Es posible que un hecho determinado haya generado ese cambio (una fuerte discusión, una infidelidad, un objetivo que no se cumplió).
También puede ocurrir que, como el agua que horada la piedra, una misma conducta repetida a lo largo del tiempo termine por generar una irrefrenable necesidad de cambio.
¿Qué hacemos frente a esa nueva sensación?
Es posible que el impulso inicial sea expresar nuestras frustraciones, y hasta nuestra ira, a boca de jarro. Pero, ¿es eso lo más conveniente?
Digamos que, frente a un cambio en la relación con personas muy próximas, como un socio o una pareja, es muy probable que la evolución no sea lineal. Ganas irrefrenables de romper, pero luego un recuerdo de los buenos momentos (o un llamado a la reflexión por parte de alguien a quien respetamos), o la incertidumbre respecto del futuro sin la otra persona, nos pueden hacer vacilar, o retractarnos de nuestras propias decisiones.
Se trata de cuestiones demasiado importantes, como para que sean resueltas por un impulso.
Entonces, resulta conveniente evitar la respuesta inmediata e irreflexiva, de la que corremos el riesgo de arrepentirnos al poco tiempo.
Una crisis societaria, o una crisis de pareja, merece profunda reflexión, dado que, de las decisiones que tomemos, depende en gran medida el futuro de nuestros proyectos.
Hay una tendencia a creer que no tomar una decisión, y abrir un período de reflexión, es equivalente a “no hacer nada”.
Por el contrario: ese período de reflexión implica un riquísimo proceso, que, si desarrollamos racionalmente (y, muchas veces, con asistencia profesional), nos permitirá tomar el mejor camino posible.

CÓMO OBTENER CLARIDAD PARA LA MEJOR DECISIÓN
Ese proceso incluye los siguientes pasos:
1. Descripción del cuadro de situación.
2. Identificación del o los factores que generan el cambio respecto de la situación anterior.
3. Análisis del impacto de esos factores en nosotros (sea en nuestro estado de ánimo, nuestra ética, nuestros intereses, etc.).
4. Consecuencias posibles, en un cuadro de tiempo (qué puede ocurrir en qué momento).
5. Posibles acciones a adoptar. En la medida de lo posible, desplegar todas las acciones por escrito, ya que, de esa manera, va a ser más fácil hacer un análisis objetivo.
6. Análisis de Fortalezas, Oportunidades, Debilidades y Amenazas, de nuestras propuestas de acción frente a la situación planteada. Esto significa analizar los factores internos, propios (fortalezas y debilidades) y los externos, los que en gran medida dependen del entorno (oportunidades y amenazas) y su impacto en nosotros.
7. Contestar a determinadas preguntas en particular:
  • ¿cuáles son mis riesgos de pérdida?
• ¿tengo alguna manera de evitar esa pérdida?
• ¿cuáles son los beneficios que voy a obtener?
• ¿cómo podría maximizar esos beneficios?
• ¿cómo están planteadas las relaciones de poder?
• ¿dispongo de herramientas para mejorar mi posición?
• ¿existe algún camino de retorno?
• ¿cuál es el momento de no retorno de la situación planteada?

MIENTRAS TANTO, PROTEGER EL PATRIMONIO
Nunca olvidemos que no estamos solos con nuestra propia almohada, reflexionando el curso de acción mientras la otra parte asiste impasible a este proceso.
Cuando una crisis interpersonal es fuerte, la ilusión de que el otro no se dio cuenta es una situación parecida a la del avestruz, que frente al peligro esconde su cabeza en la arena, pero no logra cubrir su cuerpo.
Partamos de la base de que, aunque no tomemos una decisión inmediata, es muy probable que la otra parte advierta un cambio de actitud de nuestra parte, y que, por lo tanto, también inicie su propio proceso para evitar las pérdidas (u obtener mayores ganancias).
Por lo tanto, la crisis interpersonal nos obliga a encarar, de inmediato, las acciones adecuadas para proteger el patrimonio.
Pero esto plantea una serie de interrogantes:
  • ¿No será la “profecía autocumplida”? Como yo estoy mal con él (o con ella) tomo una serie de medidas que lo/la ofenden, y luego la pelea es por esa ofensa, y no por la situación originaria.
• ¿Y si me arrepiento?
• ¿Y si él (o ella) luego toma medidas más duras en mi perjuicio?
• ¿Y si se ofende por mi desconfianza?

Lamentablemente, quedar paralizado por estas dudas lleva, en muchos casos, a una pérdida patrimonial irreparable, si el otro, mientras tanto, actúa de una manera contundente.
En relaciones tan próximas, como son las sociedades o las parejas, es muy habitual que alguien se conduzca de una manera que, para el otro, es imprevisible. Estas cosas no ocurren muchas veces en la vida: con que ocurra una sola vez, puede ser fuente de una pérdida material imposible de recuperar.
Evitar estas consecuencias no es tan difícil, si se hace con plena conciencia de que el objetivo no es perjudicar al otro, sino defender lo propio.
Por lo tanto, es necesario adoptar determinadas medidas de protección, tales como:

  1. El inventario: algo así como “sacar una fotografía” de los bienes existentes. Esta medida puede adoptarse con la participación conjunta de las partes en conflicto, o en forma unilateral por parte de alguno de ellos.
2. Medidas precautorias para bienes específicos (tales como el embargo, o la “anotación de litis”, que consiste en que se inscriba en los registros de bienes inmuebles o de automotores, la existencia de un posible conflicto legal), para evitar la insolventación del otro, o la generación de un endeudamiento por el cual luego deban responder ambas partes.
3. La designación de un interventor en sociedades.
4. La orden judicial, o el acuerdo entre partes, de “no innovar”, en el sentido de no adoptar ninguna medida unilateral que pueda afectar el patrimonio del otro, tales como la obtención de créditos, la venta de algunos bienes, el cese o el cambio en la producción habitual de una empresa, etc.

Desde ya, es muy difícil que estas medidas resulten simpáticas a la otra parte, en especial si ambos están enfrentadas por una situación conflictiva.
Pero menos simpático resulta mirar para otro lado, y encontrarnos con que nuestro patrimonio fue afectado irreversiblemente, porque quedamos paralizados frente a nuestra confusión. CAPS
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