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Temas de Planificación nº123
C.P. David Berger
C.P. David Berger Contador Público de la Universidad Católica de Santiago del Estero (Rafaela), Mayo de 2002. Socio y Director de Estudio Rivarossa. En 2009 realizó un posgrado en Contabilidad y Auditoría en la Universidad Católica de Santiago del Estero. Es profesor de las Cátedras Administración general y Organización de empresas en la Universidad Católica de Santiago del Estero (Rafaela). En el marco de su labor en Estudio Rivarossa, ha brindado varias capacitaciones destinadas a empresarios de Rafaela y la región.
Los beneficios impositivos de la regularización de sociedades
Históricamente se pronunció como el gran beneficio de las sociedades de hecho, en contraposición a las sociedades regulares, el hecho de que las primeras tributan el impuesto a las ganancias por escala progresiva, que va desde una alícuota mínima del 9% a una máxima del 35%, cuando las sociedades regulares deben hacerlo siempre al 35%. Actualmente, con la tabla progresiva desactualizada en términos reales, este beneficio ha dejado de ser tal si tenemos en cuenta que la alícuota máxima para personas físicas rige a partir de una ganancia neta anual de $120.000 (en promedio, $10.000 mensuales).
Existen otros motivos, también con impacto económico, que avalan la formalización de las sociedades irregulares:
Una sociedad de hecho que genera saldo de libre disponibilidad de IVA tiene un crédito que es intransferible en forma automática a sus socios. Con lo cual, este saldo a favor no puede utilizarse para realizar compensaciones fiscales tributarias, lo cual resulta altamente perjudicial para los contribuyentes. Es el caso, por ejemplo, de la imposibilidad de usar este crédito para cancelar impuesto a las ganancias, como sí lo puede hacer una sociedad regular.
Una sociedad de hecho no puede comprar bienes registrables, con lo cual se pierde la posibilidad de deducir amortizaciones y gastos vinculados con el uso de esos bienes.
En una sociedad de hecho sus socios no pueden tener sueldo, con lo cual se pierde la posibilidad de deducir un gasto importante.
En el caso de la muerte de alguno de los socios de una sociedad de hecho comercial, hay disolución, lo cual implica adjudicación de bienes en cabeza de los herederos, y eso está gravado por IVA y ganancias.

Estos argumentos dan sustento a la afirmación de que hoy en día una sociedad de hecho no es más barata que una sociedad regular. Ante este escenario, existen alternativas para usufructuar los beneficios de una sociedad regular sin incurrir en costos impositivos por la transferencia del patrimonio desde la sociedad irregular a la sociedad regular.
La Ley de Impuesto a las Ganancias regula en sus artículos 77 y 78 la reorganización de empresas. Sin embargo, para que este instituto tenga los efectos impositivos mencionados anteriormente, deben cumplirse ciertos requisitos que establece la ley. Algunos de ellos son los siguientes:
La entidad continuadora debe proseguir durante un lapso no inferior a dos años desde la fecha de la reorganización la actividad de la empresa reestructurada.
Los titulares de las empresas antecesoras deberán mantener durante un lapso no inferior a dos desde la fecha de la reorganización un importe de participación no menor al que debían poseer a esa fecha en el capital de la continuadora.

Estos requisitos, sin embargo, no son de aplicación para las figuras que propone la ley de sociedades comerciales conocidas como regularización de sociedades (artículo 22) y transformación de sociedades (artículo 74). Tales procesos quedan liberados de esas obligaciones ya que no implican ni disolución societaria ni el nacimiento de un nuevo sujeto de derecho, sino que todos los derechos y responsabilidades se mantienen; se trata de la misma entidad que continúa con la actividad sin afectar a terceros. Es la misma persona jurídica que adopta un distinto ropaje jurídico, a diferencia del proceso de reorganización de sociedades en el que se trata de sujetos jurídicos distintos.

Por lo tanto, mientras la regularización no involucre la transferencia de bienes o derechos a terceros, no genera hecho imponible incidido por impuesto nacional alguno. Y este proceso se asimila al supuesto de transformación societaria, motivo por el cual no corresponde el tratamiento de reorganización de empresas establecido en la Ley de Impuesto a las Ganancias.
Además, es importante destacar que la empresa que se regularice conserva el mismo número de CUIT y mantiene los mismos créditos y derechos impositivos que tenía con anterioridad a su regularización. Esto tiene consecuencias muy importantes en el normal funcionamiento de la actividad de la empresa: entre otras cosas, implica que las inscripciones que la sociedad de hecho realizó ante organismos como AFIP y SENASA se mantienen (RFOG y boleto de marca por ejemplo), sin necesidad de iniciarlos nuevamente. De la misma forma, no se pierden la historia empresaria ni su trayectoria comercial y fiscal.
Por supuesto que este proceso de regularización societaria se enmarca en un proceso de planificación del futuro de las PYMES familiares con el objetivo de lograr su trascendencia en el tiempo. A medida que la empresa familiar crece en edad y en patrimonio, menores han de ser los riesgos que debe correr. En la sociedad de hecho, estando vivos todos los miembros de una generación (padres) y la incorporación al trabajo en la empresa de los miembros de la generación siguiente (hijos) no presume la calidad de socios de éstos aún cuando intervengan en los negocios sociales. Y tal como ya se mencionara, la muerte de alguno de los socios de la sociedad de hecho conlleva, en la mayoría de los casos, un proceso de sucesión societaria alcanzado por IVA y Ganancias. Se destaca así la importancia de accionar y anticipar los acontecimientos irremediables de una sucesión societaria. La planificación fiscal expuesta en este escrito debe ir acompañada de planificación societaria, organizativa y de gestión.

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