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Temas de Planificación nº121
Dr. Jorge H. Capurro
Dr. Jorge H. Capurro Contador Público y Lic. en Administración, Especialista en Sindicatura Concursal (U.B.A.). Titular de CAPURRO & Asociados - Auditores y Consultores. Integrante de la Comisión de Asesoramiento a PyMEs de la Cámara Argentina de Comercio. Ver cv completo
Cómo pagar menos impuestos sin evadir ni eludir
La planificación impositiva (también conocida como “tax planning”) es un proceso basado en un conjunto de actos lícitos del contribuyente para maximizar la inversión eficiente de los recursos destinados a la actividad gravada.
Ello es posible mediante la optimización de la carga impositiva para tornar más rentable un negocio y reducir así el impacto fiscal en los costos y, como consecuencia, en el resultado de las operaciones.
Veamos ahora, desde la visión del dueño y de la empresa Pyme y en un lenguaje mínimamente técnico, los siguientes aspectos que hacen a la Planificación Impositiva:
» los objetivos
» los principios
» el impacto ante cada impuesto
» los beneficios a lograr producto de su implementación
» su utilización como herramienta estratégica de negocios.

I) Objetivos:
Identificar herramientas que mejoren la planificación impositiva en una visión fiscal integrada para la empresa y sus propietarios; eligiendo la mejor alternativa de negocio posible considerando la incidencia impositiva de cada una de ellas.
Conocer el costo impositivo que tendrá la empresa según la o las alternativas seleccionadas.
Evaluar los diferentes beneficios fiscales que facilita la legislación vigente.
Evitar la evasión fiscal, las sanciones, y el pago de impuestos innecesarios.
Alertar a los directores y gerentes de los cambios en los regímenes fiscales (nacionales, provinciales y municipales) vigentes.


II) Principios:
Nos limitaremos a enunciar los tres principios fundamentales de la planificación impositiva, a saber:
a) El diferimiento en la imposición:
Dependiendo de los ciclos económicos de la actividad de la que se trate, cabe la posibilidad de planificar el pago de los tributos; lo cual impactará, no sólo sobre los activos y pasivos de la empresa sino también sobre los resultados sujetos a imposición y los dividendos a distribuir entre sus accionistas.
Ejemplo práctico: si la actividad se relacionase con la producción de un determinado producto de estación, deberemos considerar las distintas épocas de la cadena de producción a fin de poder destinar el pago de la mayor cantidad de impuestos al momento de contar con el mayor flujo de efectivo.
b) El arbitraje entre tipos de gravámenes distintos:
No todas las actividades están sujetas del mismo modo al pago de impuestos; en efecto, los gravámenes dependerán del sujeto que la realice o, tratándose del mismo sujeto, del momento en que ella se materialice.
Ejemplo práctico: no tributarán de la misma manera el impuesto a las ganancias una persona física o una persona jurídica, aunque se trate de la misma actividad; como así tampoco, un mismo sujeto, no pagará iguales tributos en los momentos de expansión de su negocio o en un período de contracción.
c) El arbitraje entre operaciones sujetas a distinto trato fiscal:
Existen diversas operaciones sujetas a impuesto ya que no todas están gravadas de la misma manera aunque se trate de operaciones similares o, que de ellas se obtenga un resultado parecido.
Ejemplo práctico: en las operaciones de compra-venta de acciones, son diferentes las operaciones de los sujetos a los que se considera “habitualistas” respecto de quienes efectúan alguna operación de manera no periódica; si bien en ambos casos el fin es el mismo, esto es, obtener un beneficio económico, en el primer caso estará gravada por el impuesto a las ganancias mientras que en el segundo se encontrará exenta.

El ejercicio de la planificación en las empresas ha cobrado vital importancia y ello puede evidenciarse pragmáticamente a través de planes de negocios, planes estratégicos, presupuestos, proyecciones, cash flows financieros y el propio tax planning, entre otros más específicos.
A tal fin y, con muy buen criterio, las empresas destinan o deberían destinar recursos a la planificación en diversas áreas, tales como: administración, producción, marketing, compras, ventas, pagos, cobranzas, publicidad, logística, tecnología e informática y, fundamentalmente, capacitación.

En función de lo expuesto surge pues la pregunta: ¿es posible lograr una planificación impositiva?. Y la respuesta es afirmativa, pues si las empresas consideran los tres principios básicos enunciados, pueden cuantificar la afectación de los costos fiscales en las actividades productivas desarrolladas a fin de evitar la evasión e inclusive la elusión fiscal.

III) El tipo impositivo:
Al momento de iniciar la actividad económica deberemos considerar el tipo impositivo por el cual se verá afectada; así por ejemplo: cuando el impuesto fuese proporcional a la ganancia obtenida, estaremos en presencia de un tipo de impuesto fijo.
Ejemplo práctico: en una sociedad anónima, la carga fiscal en el impuesto a las ganancias será del 35% sobre la utilidad neta determinada.
Por otra parte, también existe el impuesto de tipo progresivo aún tratándose del mismo impuesto.

Ejemplo práctico: en una persona física, la carga fiscal en el impuesto a las ganancias se determinará mediante rangos fijados entre un piso y un techo (escala); por lo que, sobre el impuesto determinado, habrá un monto fijo a pagar y un monto variable que será proporcionalmente creciente a medida que aumente la renta gravada.


IV) La naturaleza de las operaciones:
Dependiendo de la naturaleza de la actividad y/o de quien la realice, resultará o no una ganancia gravada; esto es, si se trata o no de una actividad lucrativa (objeto) o si quien la desarrolle se encuentra o no alcanzado (sujeto).
Ejemplo práctico: una persona física constituye un plazo fijo como una opción de inversión financiera con el ánimo de obtener una renta exenta; en cambio, en el caso de una persona jurídica, la misma renta se verá afectada tanto por el impuesto a las ganancias como por el impuesto al valor agregado.

V) Los incentivos:
Si bien cada vez menos a tal punto que casi ya no existen como consecuencia de la “voracidad fiscal” y, con carácter de excepción, el Estado concede algunos incentivos con la intención de fomentar determinadas actividades económicas; así por ejemplo: exenciones, desgravaciones o reducciones que operan sobre su base imponible y/o sobre sus alícuotas. Sin duda que, a la hora de llevar a cabo la imprescindible reforma tributaria y previsional integral que nos debemos, éstos u otros incentivos serían la verdadera palanca de desarrollo que ayudaría fuertemente a atraer inversiones tanto locales como extranjeras.
Ejemplo práctico: la provincia de San Luis y sus municipios concedieron ciertos beneficios para aquellas empresas que se establecieran en su territorio; generando así políticas de empleo, logrando reactivar la actividad de la economía regional y, consecuentemente, permitiendo una reducción de costos en los bienes y/ o servicios producidos por las empresas allí radicadas.

VI) El tiempo:
Es un factor a tener en cuenta fundamentalmente en épocas inflacionarias, ya que, el hecho de pagar más tarde equivale a pagar menos en términos reales; como así también que, a veces la porción (cuota, anticipo, pago a cuenta, etc.) del impuesto a pagar podrá depender del momento en que las operaciones sean perfeccionadas o de una relación contractual que difiera el impacto fiscal en el tiempo. A mero título informativo diremos que existen dos tipos de leasing:
a) el operativo, caracterizado por no poder hacer uso de la opción de compra del bien y b) el financiero, que sí lo permite pero que en general requiere de la participación de una entidad financiera en condición de tomadora.
Ejemplo práctico: el caso típico es el contrato de leasing (alquiler con opción de compra) afectado a la compra de bienes de capital (inmuebles, maquinarias, instrumental, rodados, etc.) a través del cual el tomador (“locatario”) podrá pagar el impuesto al valor agregado diferido en la cantidad de cuotas pactadas (canon locativo).

VII) El sujeto pasivo del impuesto:
Una misma actividad u operación pueden estar sujetas a una carga fiscal diferente dependiendo del sujeto obligado ante el tributo. Esto es, una sociedad anónima respecto de una persona física inscripta en el impuesto al valor agregado y ganancias o un monotributista; al respecto cabe aclarar que, en materia de determinación de la renta, nuestro régimen fiscal aplica el criterio de la fuente para las personas físicas y el de la teoría del balance para las empresas.
Ejemplo práctico: una empresa deberá afectar el 35% de sus utilidades al pago del impuesto a las ganancias mientras que, una persona física que fuese responsable inscripto y hubiese obtenido como utilidad la base establecida para el mínimo imponible del impuesto, afectará sólo el 9% de ella al pago del gravamen.

En síntesis, al momento de implementar la planificación impositiva, deberán considerarse diversas variables, tales como:
La estructura legal en cuestión: sociedad anónima, sociedad de responsabilidad limitada, sociedad de hecho, fideicomiso, etc.
Exenciones y desgravaciones vigentes
Regímenes de promoción
Efecto inflacionario
Venta y reemplazo de bienes de capital usados a cambio de bienes nuevos con la consiguiente ventaja económica desde lo tecnológico, financiera por el pago en cuotas e impositiva a través de una menor erogación de fondos como consecuencia de imputar la ganancia de la venta del bien usado a la compra del nuevo difiriendo así el pago del impuesto.

Por último -desde nuestro rol de asesores- y, siendo que muchos empresarios y algunos profesionales evalúan las distintas alternativas de negocios que se les presentan sin considerar debidamente las cuestiones impositivas, es que instamos a que le concedan al tema la vital importancia que reviste; dado que, la falta o incorrecta planificación impositiva, conlleva a un significativo pero evitable incremento en la estructura de costos.

Dr. Jorge H. Capurro - Contador Público y Licenciado en Administración (U.B.A.), Especialista en Sindicatura Concursal (U.B.A.). Titular de CAPURRO & Asociados - Auditores y Consultores. Miembro de la Comisión de Pequeños y Medianos Estudios Profesionales del Consejo Profesional de Ciencias Económicas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y Vocal Titular de la Comisión Directiva del Colegio de Graduados en Ciencias Económicas. Integrante de la Comisión de Asesoramiento a PyMEs de la Cámara Argentina de Comercio. Miembro de la Organización Latinoamericana de Administración (O.L.A.), de la Asociación Interamericana de Contabilidad (A.I.C.) y asesor de la Asociación Interamericana de Mujeres Empresarias (A.I.M.E.). Capacitador en las fundaciones Junior Achievement y del Banco Credicoop. Auditor elegible del Banco Interamericano de Desarrollo (B.I.D.). y el Banco Mundial (B.I.R.F.). Ex auditor de la Auditoría General de la Nación (A.G.N.). Profesor Adjunto de “Taller de Habilitación Profesional” -última materia en la carrera de contador público- en la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (U.C.E.S.).
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