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Temas de Planificación nº 71
Autora: Débora Grätzer.
¿Quién tiene la sartén por el mango?
¿Estar inserto en una empresa de familia, y formar parte de dicha familia, nos habilita el acceso a cierta información que quienes no forman parte del grupo familiar no poseen?
Cuándo es necesario tomar decisiones importantes, que marcan cambios de rumbo, que implican reducciones en los gastos o importantes inversiones, ¿cuál es el lugar que ocupan los integrantes de la nueva generación?
Supongamos que una empresa de familia debe reducir gastos. Todos saben que “algo” está por pasar. Los que tienen la información saben que los que no saben, saben que ellos sí saben. ¿Eso significa que la información es poder y que los miembros de la familia, sin importar el cargo, gozan del privilegio informativo y de la seguridad de “sentirse a salvo”?

Imaginemos también que los recursos humanos necesarios para hacer funcionar la empresa son algo más que suficientes, pero que los financieros no lo son. Teniendo en claro los objetivos a alcanzar, habiendo analizado los factores externos que puedan tener incidencia en los ingresos de la empresa, habiendo elaborado un cálculo de probabilidades estableciendo criterios de máxima y de mínima, se arriba a la conclusión de que es necesario “recortar”.

La lógica indica que una familia quiere a sus miembros por lo que son; que los lazos afectivos corren por un canal independiente al de los asuntos de trabajo, y que una empresa debería valorar a sus empleados por su formación, sus capacidades, su rendimiento, incluyendo a quienes son parte de la familia. Sin embargo, no siempre es sencillo evaluar el desempeño de un posible sucesor y enfrentarse a la dicotomía del propio deseo de que alguien con la propia sangre tome la posta, y la realidad de que quienes estén verdaderamente capacitados para hacerlos, no formen parte de la familia. Ello implicaría tomar conciencia de que, en un momento de ajuste presupuestario, podría ser necesario desprenderse de un miembro de la familia, inclusive de un miembro de la nueva generación. ¿Cómo congeniar la desvinculación laboral con el conflicto emocional que se desencadenaría en el ámbito de la familia?

Por otra parte, muchos de los integrantes de la nueva generación que se encuentran en etapa de formación, ejercen aquella posición conocida como el “mando medio”: poseen cierta autonomía para la toma de decisiones, y un grado de autoridad frente a determinados empleados. Por lo tanto, es posible que posean información relevante, pero que no sean los responsables de transmitirla a los destinatarios, lo cual podría repercutir en relaciones poco claras entre éstos y quienes deben reportarles y entre los integrantes del mando medio y sus pares.

Es entonces cuando las instancias jerárquicas y familiares se desdibujan. Es posible que la estructura familiar se replique en la empresa, o a la inversa: que quien más poder ostente en la empresa sea quien comience a tomar decisiones en el ámbito familiar (hijo que toma decisiones por sobre sus padres). ¿Quién tiene la sartén por el mango?

La implementación de canales de comunicación, tales como boletines mensuales, carteleras, cartas a los empleados, reuniones quincenales o mensuales, pueden colaborar a erradicar la temida sensación de que sólo “la familia” tiene acceso a información, y, consecuentemente, poder. La transparencia y claridad en la información acarrea confiabilidad, confianza, tranquilidad y, en aquellos que no son “familia”, la sensación de que también son parte de la empresa, incrementando su sentido de pertenencia y de equidad.

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