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Temas de Planificación nº 97
Autor: CAPS Asociación Civil
Una empresa con los motores en marcha
Los integrantes de Grosso Tractores decidieron reencauzar los liderazgos a través de la incorporación de sus hijos a la empresa. El desarrollo de un protocolo familiar fue clave para evitar conflictos y que la organización continuara operando con su histórica solidez.
Luego de años de actividad como agropecuario en el Chaco y fruto de las intensas experiencias de desavenencias climáticas y económicas, Engelberto “Beto” Grosso decidió volver a Rafaela (Santa Fe), su lugar de origen, para recomenzar su vida. En principio, no tenía objetivos claros en cuanto a su desarrollo económico y comenzó a estudiar opciones de inversión. Mientras tanto, asistía a remates y fue de esa manera que inició, casi de casualidad, un pequeño emprendimiento que hoy es Grosso Tractores, una pyme muy exitosa en el mercado.

La aproximación del retiro de los responsables los motivó a reencauzar los liderazgos a través de la incorporación de sus hijos. En ese momento, advirtieron que el cambio a encarar era muy complejo. Con el objetivo de priorizar la unidad de la familia y la estabilidad de la compañía, acudieron a CAPS - Empresa & Familia para la elaboración de un protocolo familiar con el fin de evitar futuros conflictos.

¿Cómo se llegó a este punto? Al principio, la principal actividad fue el desarme y posterior venta de automotores y camiones usados. Luego se incorporó la venta de tractores y maquinarias viales usados con sus respectivos repuestos.

Con el paso de los años y en base a la experiencia y el conocimiento del mercado ganado, decidieron sumar al negocio la venta de repuestos nuevos. Hasta aquí el emprendimiento económico familiar era llevado adelante por el matrimonio (Grosso y su esposa, María Teresa) a los que se sumaron algunos empleados contratados. El negocio fue evolucionando positivamente y se estableció como criterio de inversión la reinserción en el rubro agropecuario.

Luego surgió una oferta de representación de una reconocida marca de tractores y cosechadoras nuevas y se asumió este nuevo desafío. La cosechadora se convirtió en el producto “vedette” del emprendimiento y su alta rentabilidad favoreció el crecimiento de la empresa.

Mientras tanto, los seis hijos del matrimonio (Gabriel, Sebastián, Paola, Lucas, María Laura y Francisco, todos profesionales, con nueve años de diferencia entre el mayor y el menor) se capacitaron en áreas relacionadas con el ámbito mecánico, empresarial, social y agropecuario. Llegado el momento, tenían ganas y posibilidades de aportar y participar en tareas concretas de la empresa.

A partir de la incorporación de los hijos, los padres manifestaron su voluntad de retirarse. Ahí comenzó a vislumbrarse la necesidad de algún instrumento que “pusiera en claro las reglas”, de tal manera que se determinaran roles definidos para cada hijo dentro de la compañía, con el fin de evitar cualquier tipo de inconveniente.

La familia unida
Teniendo en cuenta esta nueva etapa de la empresa y priorizando el proyecto familiar, los Grosso consideraron que era el mejor momento para analizar un protocolo familiar que evitara conflictos a futuro.

“Mi mamá había asistido a charlas destinadas a empresas familiares en donde se presentaba a este instrumento como una herramienta eficaz para cumplir el objetivo de reordenarnos”, cuenta Laura Grosso, una de las hijas del fundador, a cargo de la administración de la empresa. “Decidimos que queríamos comenzar a trabajar en esto”.

El protocolo familiar empresarial (también llamado “Constitución Familiar”) es un instrumento con valor moral y legal donde se acuerdan las cuestiones trascendentes para la familia empresaria, tales como criterios para la incorporación de familiares en la empresa y para su desvinculación, sistemas de remuneración para familiares, decisión de si intervendrán o no los parientes políticos, pautas de inversión en el propio negocio o en el desarrollo de otros negocios, sucesión en la empresa y mecanismos para la resolución de conflictos, entre otros. Lo importante no es sólo el instrumento "protocolo", sino, fundamentalmente, el proceso de diálogo, acuerdos y cambios de costumbres que lo precede, que implica abrir un camino de entendimiento hacia una empresa más exitosa y una mayor calidad de vida. El protocolo es, entonces, la coronación de un proceso que se desarrolla a lo largo de un tiempo.

En el caso de Grosso Tractores, hubo que trabajar arduamente para mantener unida a la familia mientras se redefinían los roles de cada uno de los integrantes en los desarrollos empresariales. Para ello fue necesario reordenar la organización empresarial, ya que el principal objetivo era que al retirarse los padres la empresa siguiera sólida y en permanente búsqueda de la excelencia.

Para Laura Grosso, al comienzo del proceso la mayor dificultad fue valorizar en su justa medida el camino que se iba a emprender. “Una vez que comprendimos la importancia del proyecto, lo pudimos encarar con compromiso y responsabilidad aunque siempre avanzando con timidez y expectantes de los resultados”, confiesa. “De a poco todos nos fuimos abriendo y el entusiasmo aumentó en la misma medida”, agrega luego, para concluir que “de pronto, nos estábamos poniendo a hablar sobre cosas que nunca se habían planteado anteriormente… eso fue esencial”.

Ante los nuevos temas que iban surgiendo, cada integrante de la familia tenía que definir su postura, para luego llegar a una común. “Fue todo un desafío abrirnos al debate sincero y transparente”, continúa Laura. “Luego, lo más difícil: imaginarnos en cada situación y prever los posibles focos de conflicto o detectar los valores que queríamos resguardar en cada instancia”.

Actualmente, su mayor desafío es la aplicación en el día a día de todo lo pactado. “Y obviamente, ir monitoreando la aplicabilidad de lo definido para luego redefinirlo si fuera necesario en la actualización anual del protocolo.

Las reuniones del Directorio y del Consejo de Familia se continúan celebrando, con frecuencia mensual y semestral, respectivamente. “Nuestro compromiso aquí es ir diferenciando los temas a tratar y cómo llevarlos adelante”, asegura Laura. El protocolo se llevó a cabo en un año y medio y se encuentra terminado y firmado. Finalmente, los padres pudieron retirarse. En cuanto a los hijos, cada uno asumió su rol de manera inteligente, con una forma de liderazgo dinámica y operativa.

Para Laura Grosso, se pudieran establecer claramente las áreas de responsabilidad de cada integrante de la familia en la empresa. “Antes se trabajaba mucho en conjunto y eso dificultaba el seguimiento del personal y la independencia en la toma de decisiones, entre otras cuestiones”, dice. También destaca otros beneficios logrados a partir del protocolo: se resolvió la situación de la sucesión del padre, se definieron los reemplazantes para cada una de las funciones que ejercía, y se determinaron las tareas críticas dentro de cada sector de la empresa. “Como familia, nosotros consideramos que teníamos una buena base pero sin una ayuda externa calificada para este proceso, no hubiésemos experimentado el crecimiento alcanzado hasta ahora, ni se hubiese generado en nosotros las ganas de seguir por este camino”, concluye Laura. CAPS
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